Por Juan Carlos Hurtado Ochoa
Todo estaba listo para el momento de los mutuos elogios y las buenas noticias. Para que se demostrara que todo cambió, que el ambiente hoy es distinto entre Concejo y Alcalde. El plato estaba servido. Nada podía salir mal. No había razón alguna para ello. Pero las sorpresas por eso se llaman sorpresas, porque impactan, conmueven o molestan.

Hay sorpresas que molestan. Como la que terminó por sacarle la piedra al alcalde Aníbal Gaviria Correa. Pasadas las 9 de la mañana del lunes 23 de abril el Alcalde ingresó a la Corporación muy seguro de sí. Optimista porque el ambiente era propicio: miembros de la coalición, secretarios de despacho, amigos, lideres…

Sin embargo, la sonrisa del mandatario se borró cuando se dispuso a emitir su discurso de instalación de sesiones extras en el Concejo. Se acomodó la chaqueta negra, asumió posición de gran orador y cuando soltó su primera frase, fue interrumpido.

Nadie pensó que un grupo de personas de la tercera edad aparentemente inofensivo en las gradas, de Medellín un Hogar para la Vida, terminaría por empantanarle el discurso a Gaviria Correa.

Dichas personas con pancartas y vestidos coloridos explotaron en frases de protesta porque el tranvía de Ayacucho amenaza con dejarlas sin vivienda. El presidente del Concejo, Bernardo Alejando Guerra Hoyos, muy elegante con su traje gris, seguramente europeo, trató de apaciguarlas, pero no lo logró.

El alcalde volvió a intentar hablar. Nada, todo era en vano. Estas personas no entendían explicación alguna. Para ellas lo importante era ser escuchadas.

Gaviria Correa se acomodó nuevamente la chaqueta esta vez más fuerte. Y lanzó la siguiente expresión: “yo a los gritos no puedo señor presidente. Mejor me remito a instalar de manera escueta estas sesiones”.

Guerra Hoyos lo miró impotente al tiempo que también trataba de sentirse mejor con el traje gris que parecía apretarle ante el suceso. No hubo de otra. El alcalde seguramente muerto de la piedra instaló rápidamente.

Decenas de periodistas y asistentes el acto quedaron mudos. Un hecho así no se presentaba hace más de 9 años. El recinto se alborotó entre comentarios con tono como de “que no hagamos bulla” porque el ambiente estaba medio tenso.

Los rumores no se hicieron esperar. Algunos dijeron que esa protesta era liderada por el POLO, otros que los trajo el concejal Jesús Aníbal Echeverri, algunos que eran los seguidores de Luis Pérez, en fin toda clase de especulaciones se dieron. Lo cierto es que desde hace algunas semanas esas personas estaban esperando ser escuchadas en una mesa de concertación, pero eso como que no ha pasado.

Transcurridos unos minutos y luego de hacerse sentir, los ancianos desaparecieron de las gradas como por arte de magia. Misión cumplida, seguramente habrán dicho.

El alcalde a su turno queriendo seguramente bajar sus ánimos les dijo a los periodistas que a los gritos no habla ni escucha. Y espera seguramente que el 2 de mayo no le vuelvan a sacar la piedra en la instalación de las ordinarias.

Pese a todo el presidente del Concejo logró sentirse más cómodo con el traje, pero con las ganas de contar lo que hizo en Europa.

La vida te da sorpresas, sorpresas te la vida…

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