Por Juan Carlos Hurtado Ochoa

Medellín. La Política moderna nunca se parecerá a la que se hacía en “La Casa Jattin” en Lorica, Córdoba. Un lugar donde el proselitismo podría haber sido parte del realismo mágico de García Márquez.

A ese municipio lo llaman cariñosamente “Lorica Saudita” por la alta presencia de libaneses y otras razas del Medio Oriente. José Francisco Jattin Safar, congresista por varios períodos y barón electoral de la región, quien falleció hace algunos meses, era al gran anfitrión de la Casa. Era padre de la ex congresista Zulema Jattin Corrales, hoy vinculada al proceso de la parapolítica.

Cuando conocí a don José, por razones del cubrimiento periodístico para el periódico EL MERIDIANO de Córdoba, no dudó en decirme que un cachaco no podía interpretar lo que pasaba en ese pueblo tan macondiano como Aracataca.

Con el transcurrir del tiempo creo que logré convencerlo, cuando escribí algunas crónicas precisamente de hechos que sólo podría pasar en una región como esa: a un señor de 63 años lo había mordido una serpiente en el pene. Para mayor extrañeza el hombre se salvó y luego relató alegremente que ahora era más vigoroso que antes… También otro hecho que conmovió a la región fue la captura de una empleada doméstica que terminó involucrada por enriquecimiento ilícito, capturada en un gran operativo del CTI, y luego liberada producto de la equivocación….

La Casa Jattin está ubicada en una esquina estratégica del centro de la calurosa población ubicada al norte del departamento. Allí la política no era dedicar unos meses a la contienda, ¡NO!, era una forma de vida constante desde que se levantaban sus moradores hasta que se acostaban muy tarde de la noche.

A las 5:00 de la madrugada comenzaban a ingresar simpatizantes de los Jattin por el parqueadero, pues la puerta principal aún estaba cerrada, para discutir desde primera hora con el “Gordo”, como cariñosamente llamaban a José Francisco, los temas más relevantes de la región y el país.

Desde ese momento una de las empleadas domésticas comenzaba a repartir café en un agradable kiosco de palma contiguo a la sala. Y al vaivén de las mecedoras los comentarios sobre política no podían faltar, al tiempo que otras empleadas preparaban un gran desayuno para los visitantes y luego el almuerzo. A veces sancocho de bocachico o de carne de salá.

Entre chanza y chanza le decían a quien veían entrar a la casa, que si iban a comer León, porque así se llama la marca del café más famoso de la zona.

El “Gordo” Jattin era personaje de consulta de los líderes de la región, y de políticos y periodistas de todo el país. Por ello no era raro que pasara de conceder una entrevista a una emisora local y luego dialogar con Darío Arizmendi Posada con la misma tranquilidad y desparpajo que lo caracterizaban.

Estas entrevistas las daba generalmente desde el famoso “cuarto frío”, llamado así por su potente aire acondicionado de su habitación matrimonial en la que atendía también a personajes, muchas veces, en una bata de baño blanca, porque para nada era protocolario o complicado. No en vano a quien era visto con el rostro amarillo le preguntaban si estaba gorreando frío donde los Jattin.

De ahí el carisma que muchos le profesaban reflejado en grandes votaciones inicialmente para él, y luego para su hija Zulema, quien sólo se maquillaba cuando estaba en el Congreso. De resto, no era raro ver a padre e hija con jeans y camisetas de propaganda política abrazando a personas muy humildes de Córdoba. En alguna ocasión se dijo que Noemí Sanín no pegó en la región porque después de saludar a la gente se habría lavado las manos con alcohol y no recibió fresco royal en un vaso artesanal que le ofrecieron.

El “Gordo” mantenía una especie de caja menor para atender las necesidades de la población. Era como un alcalde alterno, en un municipio donde la corrupción ha campeado pese a la riqueza agrícola, ganadera y comercial.

Esta tierra ha dado personajes tan importantres como los Char, dueños de las supertiendas Olímpica y del equpio Junior de Barranquilla, quienes por no desestimular el comercio de otros pequeños empresarios en Lorica, prefirieron no habilitar sus negocios allí inicialmente. También el escritor David Sánchez Juliao, hoy aspirante al Senado, por la corriente de Sergio Fajardo Valderrama, es de Lorica, así como el desaparecido escritor Manuel Zapata Olivella.

Algunos políticos del interior del país no podían entender cómo el “Gordo” y Zulema eran capaces de sacrificar su privacidad por el amor a la política y se mostraban sorprendidos de esa manera de trabajar con las comunidades.

José Francisco alguna vez nos dijo que su familia era todas las personas que llegaban a su casa. Su esposa parecía entenderlo al igual que el hijo menor de los Jattin, quien ahora suena como sucesor de Zulema en el Senado, por fuerza mayor.

Pasar algunas horas en este hogar era sumergirse en una tertulia contagiada de historia, actualidad, y anécdotas, donde siempre se aprendía algo nuevo o simplemente se olvidaban los problemas. El “Gordo” con su imponente figura y grandes ojos verdes, atrapaba la atención de cualquiera. Su creatividad no estaba en los negocios, sino en la política.

Por ello no era raro que cuando alguien era tratado con displicencia en la Alcaldía, encontraba consuelo donde los Jattin. “De aquí la gente se lleva algo, aunque sea un café León”, decía el “Gordo”.

Recuerdo que alguna vez don José Francisco me dijo que haría una especie de consulta o encuesta en la población para escoger el candidato a la Alcaldía de mayor aceptación, a fin de ir a la fija en su apoyo. La bendición del “Gordo” en cualquier campaña era fundamental.

Estas bendiciones ya no se dan desde el cuarto frío, pero sí desde el cielo donde también debe estar haciendo lo que más le gusta: hablar y hacer política. El Gordo ya no está, pero sus recuerdos de lo que fue sí.

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