Por Juan Carlos Hurtado Ochoa

Dicen que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana.

Así parece ocurrirle al Centro Democrático por varias razones: el presidente Iván Duque no le copió ni al jefe Uribe ni a la bancada durante su mandato; escogieron un candidato como Óscar Iván Zuluaga que estaba por allá guardado, y no genera emoción y hasta los mismos aspirantes al Congreso ya no salen en sus vallas con la imagen de Uribe (Salvo Andrés Guerra Hoyos 69 Senado) quien tiene una lealtad que para muchos parece suicida.

Es de los pocos que en su publicidad sale de la mano de Uribe cuando no es claro qué tanta votación pueda sumar con una popularidad disminuida por factores como los que señalamos anteriormente.

Conversando con un colega abogado (ultra Uribista) me decía que era mejor haber escogido a María Fernanda Cabal como candidata presidencial o darle la cabeza de lista al Senado, pues ese muchacho Miguel Uribe Turbay, es un liberal disfrazado. Y si de lealtades se tratara, Uribe no puede salir con eso porque a Liliana Rendón Roldán la dejó colgada de la brocha.

Uribe, dicen, que está tan desesperado que pensaría en una alianza con Rodolfo Hernández, un señor que para administrar una ciudad pequeña puede que sirva, pero un país, es otro cuento cuando cree que todo es a punto de populismo y cachetadas.

De otro lado, qué cultura política podemos pedir en un país donde es más importante la vida amorosa de un candidato, que  sus propuestas y hoja de vida en lo público.

A Gustavo Álvarez Gardeazábal cuando le dijeron que cómo un gay podría gobernar bien, respondió que no lo hacía con las nalgas sino  con la mente.

Por esa razón no debería preocuparnos si Alejandro Char tiene, a tuvo moza o mozos. Si eso fuera a resolver los problemas de Colombia vaya y venga.